El «Pájaro» Gómez supo conquistar a un público compuesto por muchas fans.
Buscando afianzar su imagen como banda -al menos alcanzar el alto vuelo conseguido por los primeros cortes de su disco debut-, después de relevantes visitas al interior, Vilma Palma e Vampiros culmino tan ascendente periplo en un teatro porteño. Pese a ello, el Broadway no logró llenar su capacidad para ver, quizá, el show más ambicioso si bien no el más multitudinario- realizado por los rosarinos en sus casi dos años de vertiginosa trayectoria. Primero, el sofisticado tecno de Psycho salió a enfrentar por primera vez al público capitalino, demostrando en base a un sonido cercano a Depeche Mode o New Order- que esta circunstancia no tenía por qué ponerlos nerviosos. El dúo santafesino despachó un set corto, pero sin equivocaciones dentro de lo suyo, que les permitirá persistir con un estilo que, hasta el momento, pocas satisfacciones les ha dado a los músicos argentinos.
Después le llegó el turno al plato fuerte de la noche, la agrupación rosarina que intenta despegarse del karma «pachanguero» para to mar una personalidad propia. Su actuación los encontró en una excursión por los mejores momentos de su única placa: «Bye Bye», «Un camino hasta vos». «Cumbia» y «Demasiado tarde; a los que se sumaron algunos adelantos de lo que vendrá en el ’93: «Perdiendo el tiempo (el más prometedor), «Canción desesperada» y «Mojada», entre las más significativas. Amparados por un impecable sonido y una destacable puesta lumínica, las huestes de Mario Gómez (muy comunicativo y movedizo) cumplieron con lo que los presentes esperaban encontrar en un show de Vilma Palma: pop-rock ac cesible, diverso y ganchero en sus estribillos. Casi como un destino inevitable, el final correspondió al causante de este año tan dinámico para la banda: «La Pachanga, coreado por toda la platea, en la que predominó el griterío femenino y los carteles del club de fans. Así llegó al ocaso un instante trascendental en la carrera del quinteto rosarino, escapándole al fenómeno radial y bolichero que generaron sus hits y diciéndole «bye bye» a esta primera satisfactoria etapa de su historia.

